Por Nancy Pérez

Las sesiones preparatorias de la Conferencia Intergubernamental para adoptar el primer Pacto Global sobre Migración hacia finales del 2018, celebrada en Puerto Vallarta la primer semana de diciembre, inició con la notificación sobre la salida oficial de Estados Unidos de América de los Pactos Globales de Migración y Asilo. Pero más que incertidumbre por la salida de dicho país, algunos de quiénes estábamos ahí representando agendas desde sociedad civil, iniciamos trabajos con preocupación sobre si las posturas de presidentes y candidatos a la presidencia a nivel global contra la migración indocumentada, se flexibilizarán a partir de la firma de un Pacto, porque el contexto claramente dejaba ver que eso será poco menos que imposible.

Tras escuchar a más de 400 delegados de 136 Estados Miembros, 16 Organizaciones Internacionales de la Sociedad Civil, una mujer migrante, agencias y especialistas de la ONU, se pudo constatar que el Pacto Global sobre Migración se construirá sobre la base de la soberanía de los Estados miembros, lo cual tiene de entrada ya un significado muy claro de puntos de llagada y negociación.

Es probable que a nivel de principios quede nuevamente el compromiso de respetar los derechos humanos de la población migrante, pero en la sustancia el acuerdo se enfoque en vías para garantizar mecanismos que permitan migraciones seguras, ordenas y reguladas. Salvo que las políticas para lograrlo tomen un giro sustancialmente distinto hasta al que ahora se ha aplicado, como el invertir en el desarrollo de las comunidades de origen, el resultado de este Pacto puede augurarse como catastrófico para la migración indocumentada, a quienes las políticas restrictivas y la inversión financiera en seguridad en las fronteras, les han ocasionado muerte, extorsiones y cualquier cantidad de vejaciones, dejándolos sin dignidad alguna.

Habrá que confiar en el ingenio y la creatividad de los cuadros técnicos progresistas que apoyan en la elaboración del Pacto.
Que puedan identificar prácticas de distintas partes del mundo, que han costado poco y han sido efectivas (lo cual será clave, porque ningún país quiere gastar un peso más del necesario, al menos no en beneficio de los grupos más rezagados aunque sí en la seguridad de sus fronteras), que encuentren los espacios para colocar los cimientos de una forma digna y humana de abordar el tema de la movilidad humana. Sí, como se dejó ver en Vallarta, la Organización Internacional para las Migraciones, asume este papel, tendrá la oportunidad de reivindicarse, frente a una serie de señalamientos críticos que ha tenido a lo largo de su historia, al menos en Continentes como el nuestro.

Es un reto para la sociedad civil para la propia población migrante sin duda, cómo identificar esos espacios de oportunidad, cómo leer en entrelineas, cómo acercar la información idónea. Cómo ser más eficientes, solidarios y congruentes.

La realidad nos rebasa por mucho, las respuestas avanzan muy lento y los problemas asociados a la movilidad humana, particularmente de aquellos grupos en mayor desventaja evolucionan tan rápido, que parece insuficiente la voluntad política.

Un Pacto Global pondrá a prueba la capacidad y altura, principalmente de los países de origen de velar por los derechos de sus connacionales, medir la responsabilidad y el compromiso moral y ético de la comunidad internacional frente a un tema en el que sin duda, hay responsabilidades compartidas entorno a los grandes atropellos cometidos contra quienes de manera forzada y ante la falta de oportunidades de vida digna han tenido que dejar sus lugares de origen y perpetúan situaciones de violencia generación tras generación. Llega una fecha más del Día Internacional del Migrante, con al menos una luz en el camino, de poder cambiar el rumbo de políticas migratorias restrictivas que han significado apagar muchas vidas.